martes, 14 de abril de 2015

CONSEJOS PARA EL CUIDADO DEL ENFERMO


Alimentación del enfermo
Procurar que las comidas sean siempre a la misma hora y que el enfermo ocupe el mismo lugar en la mesa.
Si pide algún alimento entre horas, lo más conveniente es fruta, zumo e, incluso, distraerle con otra actividad. Si esto sucede de continuo, distribuir su alimentación en más comidas, de menor cantidad cada una.
Pedirle que colabore, a la hora de poner y recoger la mesa.
Poner la mesa, de forma sencilla y con vajilla irrompible y adecuada. Por ejemplo, los platos han de ser grandes y de un solo color, para que pueda distinguir las raciones.
Evitar las distracciones (por ejemplo, la televisión).
La dieta debe ser variada. Asimismo, es muy importante que beba líquidos.
Si el enfermo se ensucia, no se le debe regañar. Para evitar que se manche, se le puede poner una bata o un babero largo.
Si no sabe utilizar los cubiertos, permitirle que coma con las manos.
Comprobar siempre la temperatura de los alimentos.
Si el enfermo se levanta continuamente de la mesa, se le puede colocar entre la mesa y la pared.
Si no abre la boca, resulta útil tocarle en la barbilla o en los labios con la cuchara. También, es viable recurrir a la imitación.
Si el paciente presenta riesgo de atragantamiento, se ha de tener en cuenta que, en general, le costará menos tomar alimentos semisólidos, que líquidos.
Asear al enfermo
No introducir estufas eléctricas, en el cuarto de baño.
Guardar el secador y la maquinilla de afeitar y hacer que los use, solamente, cuando el cuidador esté delante.
Utilizar alfombras antideslizantes, en el interior de la bañera.
Si no se dispone de plato de ducha, colocar asideros (para ayudarle a que se meta en la bañera). No permitir que el enfermo entre y salga solo de la bañera.
Procurar que los grifos de agua caliente y fría estén bien identificados. Por lo general, los enfermos tienen disminuida la sensibilidad y son muy frioleros (por lo que aumenta el riesgo de producirse quemaduras).
En el mercado, existen los llamados “asientos geriátricos”, para el interior de la bañera, que permiten sentarse, si el paciente se cansa, o utilizarlos para lavarse los pies. Si no se tiene esta posibilidad, puede servir un taburete de plástico, no muy alto y que mantenga la estabilidad, dentro de la bañera.
Si el enfermo ya no es capaz de entrar en la bañera, se le puede asear de pie, apoyado en el lavabo o en la cama, según su grado de deterioro general. Para ello, conviene preguntar a un especialista cómo se realiza esta técnica.
Además de respetar al máximo la intimidad del enfermo, hay que tener en cuenta sus hábitos higiénicos: cuándo se afeitaban, cuántas veces a la semana se aseaban, si lo hacían por la mañana o por la noche, etc.
Resulta beneficioso hacer del baño un momento relajante y lúdico, por lo que se puede poner música suave de su época y dejarle que juegue en el agua.
No discutir con el enfermo, si no quiere bañarse. Es mejor esperar un rato y volver a intentarlo. Para animarle, conviene reforzar su imagen: decirle lo guapo o lo limpio que va.
Aprovechar el momento del baño para observar el estado de la piel, en busca de heridas, enrojecimientos y hematomas.
Ayudarle a secarse bien, sobre todo los pliegues cutáneos -las ingles, las axilas, los pliegues entre los dedos y debajo del pecho-.
Instarle a colocarse delante de un espejo, para que termine de arreglarse.
Utilización del WC
Identificar el baño con un cartel en el que se lea “WC” y se vea el dibujo de un inodoro.
Procurar que el baño se encuentre cerca de la habitación, donde pasa la mayor parte del día.
Tratar que el enfermo vaya al servicio, aproximadamente, a las mismas horas todos los días -aunque no tenga ganas- y mantenerle sentado un rato.
Restringir la ingesta de líquidos, dos horas antes de acostarle (para que no se orine por la noche).
Observar comportamientos que indiquen que desea ir al WC.
Colocar asideros en la pared, específicos para el WC.
Vestir al enfermo
Colocar en el armario sólo la ropa de temporada. Identificar, con dibujos, dónde se encuentra cada prenda (calcetines, ropa interior, camisas…).
Elegir con el enfermo la ropa del día siguiente y dejarla colocada, en el orden en que deberá ponérsela.
Intentar que el enfermo guarde sus cosas siempre en el mismo sitio. De esta forma, resulta más difícil que se le olviden y se evita que piense que se las han robado. Además, conviene tener un recambio de los objetos personales más utilizados y necesarios, por si los pierde.
Cambiar los botones y cremalleras, por tiras de velcro. Utilizar prendas de una sola pieza, elásticas y no ajustadas.
Es conveniente sustituir los zapatos de cordones por otros con cierre adhesivo, de suela antideslizante, sin tacones y de horma ancha.
No anticiparse ni meter prisa. Dejar tiempo para que el paciente se vista solo y, si no es capaz, intentar darle órdenes sencillas sobre lo que debe hacer. Recurrir a la imitación, si es necesario.
No pensar que el enfermo ya no puede hacer nada. Quizá, sea capaz, por ejemplo, de estirar el brazo para meter la manga y sólo precisa su indicación.
Si el enfermo no se sostiene de pie o sentado, se le debe poner primero la ropa de la parte inferior, mientras se encuentra en la cama. Después, al incorporarle para sentarle en la silla, se le pueden subir las prendas. De esta forma, ya sólo quedará la ropa de la parte superior.
Si es posible, terminar de arreglarle frente al espejo -le ayudará a que sea capaz de reconocerse, durante más tiempo-.
Dormir al enfermo
Procurar mantener activo y despierto al enfermo, durante el día. Después de comer, se le puede permitir media hora de siesta o reposo (preferiblemente, sin acostarse en la cama).
Asegurarse de que la temperatura de la habitación es la adecuada.
Procurar un ambiente tranquilo, sin ruidos y con luz tenue.
Retirar los objetos, que puedan asustarle.
Es conveniente que, de noche, tenga a la vista un despertador grande y luminoso.
No dejar ropa a mano, porque puede desorientarse y pensar que es hora de levantarse y vestirse.
Antes de acostarse, establecer una rutina de actividades para que identifique lo que debe hacer. Por ejemplo: tomar en vaso de leche, ir al WC, lavarse, ponerse el pijama y acostarse. Asimismo, puede ayudarle poner siempre una misma música suave, mientras se realizan estas actividades (de manera que asocie la música con dormir).
Procurar acostarle y levantarle, siempre a la misma hora.
Si el enfermo se levanta por la noche, llevarle hasta la ventana, subir la persiana -que él mismo vea que es de noche- y ayudarle a volver a acostarse.
Si, a pesar de los cuidados, no se consigue que duerma, consultar al médico. Existen medicamentos muy eficaces para dormir.
Mantener la movilidad del enfermo
La actividad más sencilla es salir a pasear. Es gratificante ir por los lugares que le gustaban, tranquilamente, haciendo pequeñas paradas para descansar.
Poner música dinámica y animarle a bailar, moviendo todo el cuerpo.
Resulta muy útil realizar ejercicios sencillos: aplaudir, agitar un pañuelo o decir adiós con la mano.
Procurar al enfermo la ayuda necesaria, para poder desplazarse, con la mayor autonomía posible. Antes de realizar los traslados en sillas de ruedas, probar a utilizar un bastón, un andador o la ayuda de una persona.
La seguridad en el hogar del enfermo
Colocar el botiquín y los productos de limpieza, siempre lejos del alcance del enfermo.
Los cables de los sistemas eléctricos deben estar correctamente colocados, en trayectos altos y tapados. Poner protectores en los enchufes.
Guardar bajo llave los objetos punzantes, cortantes y peligrosos.
Sustituir la cocina de gas por una eléctrica. Si supone un gasto que no se puede permitir, cortar el gas, cuando no se vaya a utilizar.
Cubrir los radiadores, con muebles protectores, asegurándose de que están bien sujetos a la pared.
El enfermo puede olvidarse un grifo abierto; por tanto, procurar tener cerradas las llaves de paso del agua, cuando no haya nadie más en casa.
Si se van a realizar cambios en el hogar, procurar no llevarlos a cabo, de forma brusca, para no desorientar al enfermo.
Evitar el riesgo de pérdida del enfermo
No permitir que el enfermo salga solo de casa e, incluso, estando con él, asegurarse de que la puerta de la calle está cerrada y se ha echado el pestillo.
Colocar un colgante musical encima de la puerta, de manera que si el enfermo consigue abrirla, se pueda dar cuenta.
Es adecuado el uso de pulseras o collares, donde se indique la enfermedad que padece y el número de teléfono o dirección, donde deben llevarle, si alguien lo encuentra.
Avisar a los amigos, comerciantes y vecinos del barrio de la enfermedad que padece, para que nos avisen si lo ven solo.
Evitar el riesgo de caída del enfermo
Revisar el estado de sus pies.
Revisar el estado de la vista.
Conviene disponer de pasamanos en los pasillos.
Es posible que pueda caerse de la silla al quedarse dormido o, por el contrario, a causa de la inquietud. Para evitarlo, procurar tener sillas pesadas, con brazos laterales y, en caso de que se duerma, arrimarlo a una mesa, colocándole los brazos apoyados en ella.
Procurar ordenar la casa, dejando espacios amplios y sin obstáculos, en las zonas habituales de paso.
Asegurarse de que en la vivienda exista una iluminación adecuada.
Colocar bandas antideslizantes en las escaleras, de un color que destaque -para que el enfermo pueda identificar los cambios de altura-.
Eliminar las alfombras o fijarlas al suelo.
CONSEJOS PARA EL PROPIO CUIDADOR
El cuidado de un enfermo de Alzheimer supone un trabajo muy difícil, en el que se involucran muchos sentimientos. Resulta fundamental el reconocimiento y la aceptación de estos sentimientos, por parte del cuidador. De esta forma, podrá tolerarlos y controlarlos mejor, de manera que no interfieran en la atención a sus propias necesidades -indispensable, para poder atender las del enfermo-.
A continuación, exponemos algunos consejos para el cuidador:
Tener presente que necesita cuidarse a sí mismo.
No aislarse. Mantener, en la medida de lo posible, un contacto regular con amigos y familiares. Disponer de un lugar, donde poder hablar de ciertos sentimientos (tristeza, desesperación, dolor, ansiedad, rabia, irritación…), con alguien de confianza o con otras personas, que se encuentren en situaciones parecidas.
Permitir que los demás le ayuden. Buscar el apoyo de las Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer, ya que compartir las experiencias ayuda a aceptarlas, tolerarlas y controlarlas mejor.
Adaptar el plan de vida a la nueva situación. Organizar y planificar cada día.
Periódicamente, disponer de algún día de descanso, en el cuidado de la persona enferma. Encontrar un sustituto para que atienda al enfermo, cuando el cuidador quiera ausentarse (en vez de renunciar a ello).
Existen instituciones -como los centros de día- que ayudan a aliviar la enorme tarea del cuidador, al hacerse cargo del enfermo, durante unas horas al día. Estos centros resultan el lugar ideal, donde poder delegar algunas tareas que pueden resultar más conflictivas -por ejemplo, bañar al enfermo-. Asimismo, suponen, junto con las Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer, un lugar donde relacionarse, con otras personas en situaciones similares y desde el que acceder a diversos tipos de servicios y actividades.
Procurarse alegrías y no perder el sentido del humor. Buscar actividades que resulten satisfactorias.
Recordar siempre que el comportamiento del enfermo y su estado de ánimo son consecuencia de la enfermedad.
Valorar y rememorar el pasado del familiar enfermo, aceptar la situación presente y aprovechar los buenos momentos que pueda tener al día.
Convencerse a sí mismo de que hace todo lo que se puede hacer en el cuidado del enfermo.
En ocasiones, aparecen circunstancias en la vida del cuidador (problemas de salud u otras responsabilidades), que obligan a pensar en el ingreso del enfermo, de forma más o menos definitiva. Éste es el momento de escoger, cuidadosamente, el tipo de centro más conveniente y luchar contra el sentimiento de culpa, que puede aparecer.
 https://www.facebook.com/notes/alzheimer-universal/consejos-para-cuidar-de-un-enfermo-de-alzheimer/536574689715754

lunes, 6 de abril de 2015

15 puntos clave para cuidar a un enfermo de Alzheimer (actualizado y ampliado!)




15 puntos clave para cuidar a un enfermo de Alzheimer
15 puntos clave para cuidar a un enfermo de Alzheimer
Seguir una rutina diaria. Asegurarse de que haya muchos objetos familiares alrededor. Objetos que les traigan buenos recuerdos.
Mantenerse siempre al tanto de dónde está el paciente y de su seguridad. Un método que algunas familias usan para prevenir que el paciente se extravíe es poner campanas a todas las puertas que den al exterior, cerrojos, usar un reloj gps o cualquier otro método localizador inmediato.
Asegurar que el paciente coma adecuadamente a sus necesidades y beba la cantidad de líquidos necesaria.
Ayudar al paciente a que se mantenga los más independiente posible por el mayor tiempo posible. No infantilizar. Intentar que se valga por si mismo y si no puede, invitarle sutilmente a hacerlo.
Proporcionar oportunidades para que el paciente haga ejercicios regularmente y no se olvide de la recreación. Hacer cosas nuevas puede ayudarle a mantener el cerebro en forma.
Seguir relacionándose con los amigos y la familia. Que lea el periódico, (si no, se lo podemos leer nosotros). Que acuda a misa (mezquita, sinagoga, etc) y rece a diario si lo ha hecho toda la vida. En caso de no poder hacerlo, le debemos ayudar o hacerlo nosotros junto a ellos.. por ejemplo a la hora de dormir.
Emplear ayudas escritas para la memoria como calendarios y grandes relojes, listas de las tareas diarias, recordatorios acerca de las rutinas o medidas de seguridad e identificando las etiquetas en los objetos que pueden olvidarse. Es importante que, desde que se empiezan a mostrar más despistados de lo normal, colocar carteles en la puerta del baño, cocina, etc, indicando en qué habitación de la casa de encuentran.
Asegurarse que el paciente se haga chequeos regulares. Un seguimiento de otras patologías, puede mejorar su calidad de vida futura como enfermo de alzhéimer en fases más graves de la enfermedad.
Planificar necesidades futuras como la atención en Centros de Día y el ingreso en una Residencia, cuestiones legales, etc., etc.
Dar mucho apoyo emocional al paciente y a todos los prestadores de asistencia. No le regañes, si no puede llevar a cabo algo, intenta ayudarle, pero no le obligues ni mucho menos le digas que lo ha hecho mal y ese tipo de frases.
Asegurarse que el paciente tome los medicamentos regularmente, si se prescriben.
Asociarse a un grupo de apoyo para los miembros de la familia. Las asociaciones son de gran ayuda, tanto para el enfermo como para los cuidadores principales. Infórmate de la AFA más cercana y acude cuanto antes. Esto puede marcar la diferencia y proporcionar calidad de vida a ambos, cuidador y enfermo.
Pedir ayuda con las finanzas, arreglos legales, asesoramiento diario, temas emocionales, atención de reposo o arreglos del hogar para convalecientes cuando se necesite. Hay que planificar el futuro antes de que sea demasiado tarde.
Revisar el hogar en cuestiones de medidas de seguridad, como barras en la pared cerca de la taza del baño y la bañera, luces nocturnas en los pasillos y en las escaleras, alfombras no resbaladizas, etc., etc. La seguridad es lo primero.
Asegurarse que todos los profesionales sanitarios tengan una lista completa de todas las recetas y todos los medicamentos sin receta del paciente.
——————
Con información de todoalzheimer.com
Alzheimer Universal
Inteligencia colectiva en la lucha contra el alzhéimer
http://www.alzheimeruniversal.eu/2015/04/06/15-puntos-clave-para-cuidar-a-un-enfermo-de-alzheimer-actualizado-y-ampliado/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+UniversoAlzheimer+%28AlzheimerUniversal%29

domingo, 8 de marzo de 2015

diez-mandamientos-para-una-vejez-feliz




  1. yO CREO QUE HACIENDO TODO LO QUE AQUÍ SE NOS INDICA, EL ALZHEIMER SE RETARDARÁ O EXTRAVIARÁ  (la autora de TU YO adultos en la espiral.)

  2. DIEZ MANDAMIENTOS PARA UNA VEJEZ FELIZ
  3. 1. Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida!.

  4. 2. No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado/a o al preso voluntario/a. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.

  5. 3. Amarás al ejercicio físico como a ti mismo/a. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.

  6. 4. Evitarás actividades y gestos de viejo/a derrumbado/a. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.

  7. 5. No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo/a y más enfermo/a de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de auto llamarte viejo/a y considerarte enfermo/a.

  8. 6. Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.

  9. 7. Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.

  10. 8. Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.

  11. 9. Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego que las que anudan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego ensancharás el corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar antigüedades.

  12. 10. No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.

  13. ¡No te olvides de reír a menudo para mantener la salud!
  14. http://nodejardeleer.blogspot.com.ar/2015/03/diez-mandamientos-para-una-vejez-feliz.html


viernes, 27 de febrero de 2015

Lee la conmovedora carta de un hombre con alzheimer.


Cartel del concurso“Amor y Alzheimer, dos palabras que nunca deberían separarse”
AU
El periodista Jesús Espada ha sido el ganador del III Concurso de Cartas de Amor de Cobisa (Toledo) con una emocionante carta escrita a mano que tiene como telón de fondo el pulso que un matrimonio anciano mantiene día a día contra el alzheimer. Seguro que después de leerla también se te encogerá un poco el corazón.
El periodista de Radio Castilla-La Mancha Jesús Espada ha ganado un concurso literario dejándonos al borde de las lágrimas. Lo ha hecho con una carta de amor, en mayúsculas, en la que se mete en la piel de un hombre con alzheimer e imagina lo que le escribiría a su mujer en un momento de lucidez, agradeciéndole lo mucho que le cuida y su empeño en “hacerle feliz, a pesar de todo”. Una carta que nos entristece pero que nos alegra también pues nos recuerda a aquellas parejas capaces de quererse toda su vida (seguro que en nuestra familia encontramos ejemplos) o a aquellas grandes historias de amor, como la reciente película de Michael Haneke que trataba este mismo tema y se titulaba, precisamente, Amor.

Cartel del concurso
Esta es la transcripción de la carta:

“Querida Julia: Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado. En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.
Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.
Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.
Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.
Por si mañana ya no pudiera darte las gracias. Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.
Tuyo siempre.”
T.A.M.R.
© Jesús Espada Triguero
http://www.alzheimeruniversal.eu/2014/07/25/lee-la-conmovedora-carta-de-un-hombre-con-alzheimer/

jueves, 26 de febrero de 2015

El riesgo de párkinson y alzhéimer se “lee” en la piel


El riesgo de párkinson y alzhéimer se “lee” en la piel
Publicado por Pilar Quijada el 25 de feb de 2015 – Cosas del Cerebro
La proteínas que forman agregados en el cerebro de las personas que tienen párkinson o alzhéimer están presentes también en la piel y pueden detectarse con una biopsia, según una investigación que se presentado en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología. No en vano piel y cerebro tienen el mismo origen embrionario. Este hallazgo puede proporcionar un marcador potencial para el diagnóstico precoz de estas dos patologías, las más frecuentes dentro de la neurodegenerativas.
Una de las marcas características de las enfermedades neurodegenerativas es la presencia de proteínas anómalas (con una estructura tridimensional inadecuada) que se “pegan” entre sí formando acúmulos en diferentes zonas del cerebro. En la enfermedad de Parkinson es la alfa-sinnucleina, y en la de Azheimer, la beta-amiloide. Estas proteínas mal plegadas provocan un funcionamiento inadecuado de las neuronas y finalmente su muerte.
El diagnóstico de las patologías neurodegerantivas no es fácil, debido a la ausencia de marcadores que permitan confirmar la enfermedad. En el caso del párkinson, por ejemplo, puede haber dudas con otras en las que además de temblor, rigidez y dificultad de movimiento hay otros síntomas añadidos. Estas patologías se conocen como parkinsonismos atípicos, y comprenden, entre otras, la atrofia multisistémica, degeneración córticobasal, parálisis supranuclear progresiva, demencia por cuerpos de Lewy y parkinsonismos secundarios. Y en el alzhéimer, el diagnóstico sólo puede confirmarse por examen de muestras de tejido cerebral post-mortem.
Esas incertidumbres podrían resolverse mediante una simple biopsia en la piel, según el trabajo presentado en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología, que muestra una proteína común a ambas patologías, alzhéimer y párkinson, puede detectarse en la Piel. La investigación la han llevado a cabo en la Universidad de San Luis de Potosí, en México.
Hasta ahora, la confirmación patológica no era posible sin una biopsia del cerebro, por lo que estas enfermedades suelen pasar desapercibidos hasta que la enfermedad progresa” y hay ya un considerable daño en el cerebro, explica el doctor Ildefonso Rodríguez-Leyva, que ha liderado la investigación. Como la piel y el tejido cerebral tienen el mismo origen embrionario, los investigadores pensaron que deberían mostrar las mismas proteínas anómalas que caracterizan cada patología.
Para el estudio, los investigadores tomaron biopsias de piel de 20 personas con alzhéimer, 16 con párkinson, 17 con demencia causada por otras enfermedades y de 12 personas sanas de la misma edad (grupo control). Después miraron si en esas muestras se encontraban las proteínas alteradas características de esa enfermedad.
Y efectivamente, en comparación con los pacientes sanos y aquellos con demencia causada por otras condiciones, los que tenían tanto alzhéimer como párkinson mostraban niveles siete veces más altos de la proteína tau que el grupo control. Además, las personas con párkinson tenían ocho veces más alto nivel de la alfa-sinucleína que el grupo control sano.
Esquema que muestra el desplazamiento de una vesícula sináptica hacia la sinapsis, para transmitir mensajes
Esquema que muestra el desplazamiento de una vesícula sináptica hacia la sinapsis, para transmitir mensajes
Una versión anómala de la proteína tau está presente varias enfermedades neurodegenerativas. Tau pertenece a la familia de proteínas asociadas a microtúbulos, unas estructuras en forma tubo que dan estabilidad adicional al citoesqueleto neuronal, formando una especie de andamiaje. Además son fundamentales para el transporte de neurotransmisores y otras moléculas en las neuronas. Cuando la proteína tau se modifica no puede ya unir a los microtúbulos y las células nerviosas pierden su andamiaje interno y queda interrumpido el transporte, con lo que la transmisión de impulsos nerviosos también se deteriora.
El grupo de Rodríguez-Leyva ya había comprobado el año pasado que la expresión de la alfa-sinucleina en las muestra de piel era relativamente alta en pacientes con párkinson, escasa en los parkinsnonismos atípicos y casi nula en las personas sanas. Partían del hallazgo de esta proteína en las terminaciones nerviosas del corazón, tracto digestivo y piel, lo que hace pensar que el párkinson es una patología sistémica. Con todos estos datos se propusieron comprobar si sería fácil detectarla en una biopsia de piel, pero esta vez incluyeron también a pacientes con alzhéimer.
“Esta nueva prueba ofrece un biomarcador potencial que puede permitir a los médicos identificar y diagnosticar estas enfermedades de forma precoz“, opina Rodríguez-Leyva. Aunque se muestra cauto y destaca que habrá que realizar más ensayos para confirmar su hallazgo.
En España, unas 150.000 personas padecen la enfermedad de Parkinson, la segunda patología neurodegenerativa en número de afectados, después del alzhéimer. Cada año se detectan en España 10.000 nuevos casos, 1.500 en menores de 45 años, según datos de la Sociedad Española de Neurología(SEN). Cuando los síntomas se detectan, han muerto ya gran parte de las neuronas implicadas en el movimiento.
Igual ocurre en el Alzhéimer, que afecta en España a unas 600.000 personas y sólo se detectan un 20% de los casos en estadíos leves, según la SEN. En la mayoría de los casos, cuando se consulta por los síntomas de memoria, el hipocampo, el responsable de esta función, tiene ya lesiones irreversibles.
De ahí que la detección precoz sea fundamental en estas y otras enfermedades neurodegenerativas, y que la búsqueda de marcadores biológicos que la hagan posible sea una prioridad.
Vista superior. (A, B) Cerebro de un paciente con  enfermedad de Parkinson.  A: los agregados de alfa-sinucleína, denominados cuerpos de Lewy, en rojo. En B los cuerpos de Lewy se señalan con la flecha. Abajo, en muestras de piel. (C) los agregados α-sinucleína  en células espinosas  de la piel (flechas). En D, lo mismo en un folículo piloso emergente a través de la epidermis.
Vista superior. (A, B) Cerebro de un paciente con enfermedad de Parkinson. A: los agregados de alfa-sinucleína, denominados cuerpos de Lewy, en rojo. En B los cuerpos de Lewy se señalan con la flecha. Abajo, en muestras de piel. (C) los agregados α-sinucleína en células espinosas de la piel (flechas). En D, lo mismo en un folículo piloso emergente a través de la epidermis.

Pruebas de piel arrojan nueva luz sobre las enfermedades de Alzheimer y Parkinson


Fuente: ScienceDaily 
150224164909-large
http://www.elciudadano.cl/2015/02/25/149272/pruebas-de-piel-arrojan-nueva-luz-sobre-las-enfermedades-de-alzheimer-y-parkinson/

viernes, 6 de febrero de 2015

Cuando los padres se enferman


    http://www.pildorasdefe.net/post/familia/IHS.php?id2=Cuando-los-padres-se-enferman
El abandono de los enfermos y los ancianos se ha vuelto algo muy común. Es muy triste la soledad en la enfermedad y la vejez
ANUNCIO gestionado por Adsense - ¿Inapropiado? - Repórtalo 
Compartir en Whatsapp




-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Recuerdo, cuando estaba en primaria, que el maestro de ciencias naturales nos enseñaba que los seres humanos nacían, crecían, se reproducían y morían. A eso lo llamaban el ciclo de la vida. Lo explicaban de manera muy sencilla, y me acuerdo que copiábamos en el cuaderno una especie de esquema con flechas de colores, que luego memorizábamos porque esa iba a ser una pregunta fija en el examen mensual. No sé durante cuántos años nos repitieron esa enseñanza.
Lo cierto es que en ese esquema faltaba algo. Por ejemplo, entre nacer, crecer, reproducirse y morir hay etapas muy importantes por las que pasamos todos como enfermar y envejecer. Eso luego lo aprende uno por experiencia propia en la familia. Primero con los bisabuelos, luego con los abuelos y después con los padres, si es que tenemos la bendición que nuestros hijos no se enfermen de manera grave siendo pequeños.
El hecho es que la enfermedad y la vejez son una realidad que a todos nos va a tocar y llegar, más tarde o más temprano. Una realidad que debemos estar preparados para afrontar. Pienso que ese es un tema que de vez en cuando debemos conversar con los hijos, nietos, tíos, primos, amigos, etc., porque de esa manera uno llega a plantearse una posibilidad de futuro que va a requerir sacrificio de nuestra parte, tiempo, esfuerzo y un trabajo adicional que a lo mejor no lo habíamos incluido en nuestros planes.
Y saber, sobre todo en este mundo donde se valora tanto la salud y la apariencia, que en cualquier momento podemos enfrentar una enfermedad que no la esperábamos. Una enfermedad que nos puede cambiar la vida, al enfermo y a la familia, de la noche a la mañana. He sabido de varios casos en personas que estaban completamente sanas, y relativamente jóvenes, que de repente sufren un derrame cerebral, o se les desarrolla un trastorno bipolar, mal de Alzheimer, cáncer, etc.
Eso es algo muy fuerte, pero cuando uno vive consciente que a cualquiera de nosotros (o de nuestros padres o abuelos) nos puede tocar, uno se va preparando psicológicamente (y hasta físicamente, incluyendo el tema de dónde van a vivir los padres, etc.) para afrontar esa situación de la mejor manera.
Ustedes me dirán: pero, ¿por qué hablar de algo que es tan elemental en estos momentos? Porque lamentablemente el tema del abandono de los enfermos y los ancianos se ha vuelto algo muy común. Estamos viviendo en un mundo tan agitado que el pensar en dedicar parte de nuestro tiempo a cuidar a nuestros padres o abuelos es algo que “no cabe en el esquema”. Y es que en esta sociedad de carrera desenfrenada por hacer dinero, por viajar, etc., muchas veces dejamos a nuestros enfermos o ancianos solos.
Hace unas semanas mis dos hijas pequeñas (con un grupo de amigas) fueron a un ancianato que hay aquí en Caracas y ellas me contaban que quienes cuidaban a los viejitos les dijeron que ellos recibían muy pocas visitas. Cuando mis hijas se fueron los viejitos les decían: “vuelvan pronto, vuelvan pronto”.
El tema de la soledad de los enfermos y ancianos es algo muy fuerte. Es tan así que la intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para este mes de noviembre es: ”Para que las personas que sufren la soledad sientan la cercanía de Dios y el apoyo de los hermanos”. Es muy triste la soledad en la enfermedad y en la vejez. Y es que en esta época ser viejo o ser enfermo es como un estorbo. ¡Qué cosa tan triste!
Todos sabemos que es muy duro cuidar a una persona enferma o mayor, y más si ya no tiene cabeza para hilar bien las ideas. Pero no tiene precio, ¡de verdad!, sentarte con tu viejito o tu viejita a acariciarle la mano o la cabeza, a cantarle alguna canción, a echarle bromas, a darle muchos besitos… La sonrisa que sale de esa boca cuando les damos muestras de cariño vale más que mil palabras, esas que tu viejito o viejita te quieren decir y que no pueden.
No hay cosa más rica que consentirlos, darles su comida predilecta, bañarlos, vestirlos, peinarlos y ponerles su colonia preferida. ¡Sí!, aquella colonia que fue uno de los primeros olores que registró nuestro cerebro cuando estábamos chiquitos. Esa colonia que nos trae tantos recuerdos, recuerdos de aquellas ocasiones especiales (cumpleaños, Navidad, etc.) cuando nos preparaban nuestros platos preferidos o nos traían un regalo especial. O cuando salíamos al parque y nos enseñaban las calles, el Ávila, y nos echaban los cuentos de su época.
También para ellos es un gran regalo que estemos pendientes de sus medicinas, de llevarles un sacerdote para que les dé su comunión y en el momento que consideremos oportuno la unción de los enfermos.
¡Que Dios bendiga a todos nuestros enfermos y ancianos! ¡Que nunca los dejemos solos, porque necesitan nuestro amor! ¡Que nuestras familias enseñen a sus hijos y a sus nietos el gran tesoro que pueden encontrar a través de la vejez y de la enfermedad! ¡Que nuestras familias sean verdaderos hogares de amor y ternura para esas personas tan especiales! Y recordemos siempre que normalmente los hijos nos cuidarán como nosotros cuidamos a nuestros padres.

Autor: MaDenisse Fanianos de Capriles 

mariadenissecapriles@gmail.com | @VzlaEntrelineas